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Coyuntura de hoy

Opiniones de Colaboradores
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Dos corrientes del capitalismo –proteccionismo y liberalismo– parecen haber llegado a un punto de esos que en la fraseología de los años 80 eran denominados coyuntura de crisis, por la coincidencia de dos o más corrientes sociales, económicas o políticas en el espacio y el tiempo, un hecho que empuja a las fuerzas involucradas a la activación de todas sus energías para no perder preeminencia o ser desestabilizadas.

Dos corrientes del capitalismo –proteccionismo y liberalismo– parecen haber llegado a un punto de esos que en la fraseología de los años 80 eran denominados coyuntura de crisis, por la coincidencia de dos o más corrientes sociales, económicas o políticas en el espacio y el tiempo, un hecho que empuja a las fuerzas involucradas a la activación de todas sus energías para no perder preeminencia o ser desestabilizadas.

En el corto lapso de un año el proteccionismo se ha visto apuntalado en Inglaterra y Estados Unidos, naciones con un notable peso específico en los planos político y económico. Si llega a posicionarse en Francia, donde ha superado ya una primera prueba, las probabilidades de que el pulso pase del plano electoral al militar serán muy altas.

Latinoamérica vio la concreción del liberalismo con los gobiernos encabezados por partidos de la izquierda, que accedieron al poder en un difícil, largo, duro proceso de expulsión de los sectores conservadores de estas sociedades en vía de civilización (como esta es entendida en los centros culturales y de poder de Estados Unidos de América y Europa). Ahora asiste a un difícil período de reflujo.

En estos, nuestros países, los efectos políticos de la lucha entre proteccionismo y liberalismo se ven en la represión de los gobiernos duros, en el desplazamiento de los procesos donde el sistema electoral o institucional está a la mano.

En otras partes, como el Sudeste Asiático, la política se concreta en demostraciones con cañoneras, submarinos y portaaviones.

La desestabilización consecuente tiende a poner al mundo ante el riesgo de una escalada guerrera de grandes proporciones, un hecho que no va a borrar a la humanidad de la faz de la Tierra, pero que puede ponerle fin a la civilización predominante y a las megalópolis y grandes ciudades.

En República Dominicana (pobre, aunque no siempre modesta) vamos adelante en el plano político conforme a las líneas generales del programa puesto a andar por la izquierda a su arribo al poder en agosto de 1996. Y miren que le cuesta a los conceptualistas dominicanos aceptar el izquierdismo de nuestros mandantes, pero no hay que ser un purista.

Esa es nuestra izquierda y así ha gobernado, con el eclecticismo propio de nuestra condición de sociedad familiar.

La flexibilidad propia de nuestra política, la misma que le permitió a la izquierda llegar al poder de la mano de la derecha en 1996, es la que le permite zigzaguear en lo que algunos consideran ambivalencia.

No lo es.
Unas veces parecen conservadores, otras parecen liberales. Es nuestra izquierda blanda, porque la dura, la radical, es insoportable, igual que la derecha más ácida.