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De Iris Betancourt a Álvaro Uribe

Opiniones de Colaboradores
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Aunque el ex-presidente colombiano Álvaro Uribe ha procedido muy decentemente a felicitar al presidente Juan Manuel Santos por haber obtenido el Premio Nobel de la Paz 2016, al señor senador debe haberle quedado un sabor amargo en la boca.

Aunque el ex-presidente colombiano Álvaro Uribe ha procedido muy decentemente a felicitar al presidente Juan Manuel Santos por haber obtenido el Premio Nobel de la Paz 2016, al señor senador debe haberle quedado un sabor amargo en la boca.

Y no es para menos, pues pese a que derrotó por muy escaso margen a su adversario Santos en el plebiscito del pasado domingo con el No sobre el Si con respecto a los acuerdos de Paz firmados por el Gobierno y las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas) la verdad es que ahora la decisión tomada esta mafrugada en Oslo (la capital de Noruega) la dimensión de ese acuerdo consolida su doble dimensión de universal e histórica.

La que no se quedó en una simple felicitación al presidente Santos es la ex-candidata presidencial Iris Betancourt, a quien no obstante ser una víctima directa de la Guerra que ha cumplido 52 años con más de 250 mil víctimas mortales y 6.5 miĺlones de desplazados, pese a los seis años que estuvo secuestrada en las sierras colombianas, no ha escatimado traumas ni rencores y abiertamente ha proclamado que "Las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC), es decir, con su líder el Comandante Timochenko, merecían recibir el Premio Nobel de la Paz junto al presidente Juan Manuel Santos".

Ingrid Betancourt fue rehén de las propias FARC y fue rescatada mediante una peligrosísima y complicadísima operación militar en 2008 para terminar un largo y tortuoso cautiverio que para ella inició en 2002 cuando era candidata a la Presidencia de su país. Esa operación fue dirigida precisamente por el entonces Ministro de Defensa y actual presidente Juan Manuel Santos.

El claro criterio de esta mujer, cuya vida debe haber cambiado radicalmente a partir de su dilatado cautiverio y su milagrosa sobrevivencia, la eleva sobre el nivel de lo común, pues su figura se agigantó al darle su decidido apoyo al proceso de paz que aún después de ser derrotado por el No uribista del domingo todavía impulsa el presidente Santos.

Mientras, el que luce estacionario en su obstinado resentimiento guerrerista es el ex-presidente Uribe, quien al parecer no logra superar un trauma de naturaleza personal cuyo peso específico, por muy considerable y atendible que sea, jamás semejará a los sentimientos y a las ansias de paz del pueblo colombiano y de la propia comunidad internacional.

*Es.periodista.