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El engreimiento del PRM

Opiniones de Colaboradores
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Contraviniendo el principio de que tú no debes dar consejos a quien no te los haya pedido, como observador me permito sugerir a los dirigentes del Partido Revolucionario Moderno (PRM)

Contraviniendo el principio de que tú no debes dar consejos a quien no te los haya pedido, como observador me permito sugerir a los dirigentes del Partido Revolucionario Moderno (PRM)

que conserven la humildad y el espíritu unitario con las demás fuerzas de la Convergencia, pues solo con una amplia y sólida unidad opositora podrá desplazarse del poder al PLD.

Y digo esto porque personas muy serias me han informado que cuando todavía el panorama no estaba definido a lo interno del Partido Revolucionario Moderno (PRM), los dirigentes de esa organización tenían una actitud más humilde y trataban a los dirigentes de los demás grupos como camaradas y todo era “compañero para aquí, compañero para allá”. Un trato de igual a igual.

Pero las cosas comenzaron a cambiar tan pronto esa organización celebró exitosamente su convención interna donde Luis Abinader fue escogido como candidato presidencial y el expresidente Hipólito Mejía reconoció su derrota y anunció que se integraba junto a su equipo a la campaña del candidato del partido.

A partir de entonces, los perremeístas, que tenían una actitud humilde, sufrieron una especie de metamorfosis y, sin haber siquiera llegado al gobierno, han reasumido la vieja actitud del partido blanco: unitario en la oposición y arrogante en el poder, y tratan con desdén a sus aliados.

Me dicen que muchas veces ni asisten a las reuniones de la Convergencia, y si van, llegan tarde o parten antes de que termine el encuentro, lo cual no ocurría antes. Es como si se sintieran superiores a los demás. Craso error.

Saco de esto a algunos dirigentes del PRM y a Luis Abinader, hombre correcto, que se caracteriza por su sencillez y que, a pesar de ser el principal candidato de la oposición, no se muestra prepotente, porque sabe que necesita de todos los aliados, grandes y chiquitos.

En política no basta con decir la verdad, con tener grandes simpatías, ni muchos recursos. Es imprescindible una correcta política de aliados, y sobre todo cuando se trata de enfrentar a un enemigo que detenta el poder y que está dispuesto a usar -sin el más mínimo escrúpulo- los recursos del Estado para seguir chupando la ubre del Estado.

Por eso mi llamado al PRM, y a la oposición en general, a deponer actitudes, a dejar el engreimiento si lo hay. De lo contrario seguirán oliendo donde guisan.