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El espectáculo de la solidaridad

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“Cuando des limosna no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados…

“Cuando des limosna no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados…

Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha”, dice la Biblia.

Detesto a los hipócritas que dan de comer a un hambriento y luego proclaman su “hazaña” a los cuatro vientos, humillando al infeliz que recibe la ayuda.

En el país es común ver cómo el mismo “político” ladrón que se ha enriquecido de la noche a la mañana, luego va con un aparataje a la casucha de la familia que vive en la miseria por su culpa, le regala un plato de comida o una plancha de zinc y de una vez manda una nota “urgente” a los medios y sube la “noticia” en Facebook, para que todo el mundo vea lo buena gente que es. ¡Maldito miserable! Eso no es solidaridad, eso es oportunismo.

Y esto vale para todos: deportistas, artistas, empresarios, políticos y gobiernos que usan la desgracia ajena para brillar. Pero los peores son los políticos, que a través de una ONG o cargos públicos, o ambas cosas a la vez, aprovechan una catástrofe para enriquecerse.

Y un buen ejemplo de esto es Haití, que por mero azar de la vida, es un escenario donde convergen la pobreza, la furia de la naturaleza y los oportunistas e hipócritas de toda laya. Basta recordar el terremoto en 2010, tras el cual, vestidos de filántropos y solidarios, funcionarios dominicanos llegaron allí, hicieron donaciones, y de paso aprovecharon sus cargos públicos para amarrar contratos millonarios para sus empresas privadas.

Guardando la distancia, ahora se repite la historia, el mismo espectáculo. El gobierno dominicano hace lo correcto al llevar ayuda a miles de damnificados del huracán Matthew.

Lo malo es que vuelve a tocar trompetas para que todos vean lo bueno que somos, llevando comida y materiales para que los afectados coman un par de días y algunos reconstruyan sus casas.

El anuncio del envío de ayuda se hace con suficiente tiempo, se coordina con todos los medios de comunicación para que envíen a sus reporteros, aunque con el fotógrafo o el camarógrafo basta. El Palacio pone el transporte. Lo importante es que se vea lo que ellos quieren que se vea.

Avisan con tiempo para que los digitales y la TV pueda transmitir “en vivo” la llegada de la ayuda dominicana a Haití (ninguno de ellos puso un chele de sus bolsillos). Hacen sonar las trompetas.

En fin, otra vez la solidaridad convertida en un espectáculo, “como hacen los hipócritas en las sinagogas”.

¡Cuánto contraste con el ejemplo de miles de evangélicos, monjas, sacerdotes católicos, ONG, empresarios y voluntarios de buen corazón que diariamente ayudan a los más necesitados sin que nadie se entere!